Entre los años 3400 y 3300 a.C., varias regiones del mundo avanzan hacia formas de organización cada vez más complejas. Este episodio muestra cómo el crecimiento urbano, la gestión del excedente y la necesidad de coordinación transforman profundamente a las primeras sociedades.
En Uruk, la población supera cifras nunca vistas. En Egipto, el Nilo se convierte en un sistema cada vez más predecible y controlado. En el valle del Indo, la planificación urbana deja de ser una excepción. El mundo empieza a organizarse a una escala completamente nueva.
Este siglo marca una transición silenciosa pero decisiva. Los sistemas administrativos dejan de ser simples herramientas contables y comienzan a estructurar el poder. Los símbolos evolucionan hacia la representación de ideas. Las ciudades ya no crecen solo en tamaño, sino en complejidad interna.
Las tensiones ambientales, como las sequías o las crecidas irregulares, obligan a tomar decisiones colectivas. La civilización empieza a depender de sistemas que nadie controla del todo, pero de los que todos dependen.